4:00 a.m.

martes, 24 de noviembre de 2009

Dudaba como dudan las alfombras. Quedó desnuda al borde de la bañera, hizo un ovillo con la resaca y dejó que rodara sin consignas, apenándose un poco en los vértices. La cuchilla tenía un filo de araña, circundado por una pátina amarilla de hielo romo. En la habitación se escucharon toses y tres o cuatro cigarros echaron de pronto a volar con un ruido de insecto quemado. La tos número uno quedó desmayada en el gabán, la tos número dos inició una espiral mística y dobló triunfal las toallas. La tos número tres torció el gesto y los umbrales y se metió en su boca dejándole un sabor a pene vacío, a cocina extraña. De pronto, tal vez ayudada por unas zapatillas que de pronto y desde lejos imitaban a una lija, fue como si la duda hubiera encallecido y encanecido y vomitó sobre sí misma con sumo cuidado. Y aparcó a la chica desnuda dentro de la bañera, sin cuchilla y sin pena. Sin ganas.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Ana, vas tarde.

Elevalunas Ecléctico dijo...

É muito triste ser na banheira com este gosto na boca, eu vejo uma personalidade dividida, mas não entendo quem é o dono do pênis

Ana dijo...

¿Tarde? ¿O temprano?, ¿A dónde? ¿Para qué?
Lo siento ando algo despistada ultimamente pero ya veo que no soy la única, la chica del texto sí que parece perdida.
(Y de ella no creo que sea).

Lucía dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Elevalunas Ecléctico dijo...

Vientos racheados de hermetismo soplan en ocasiones en los textos de nuestro Agoneluz, pero esta historia en concreto me parece de una claridad deslumbrante.
Ha sido el anónimo del primer comentario quien parece andar confundiendo a la gente.

Ariam Ram dijo...

De momento sólo puedo sentirlo pero no entenderlo...

agoneluz dijo...

Intentaré explicarlo.

Ciclista dijo...

Ansiosos estamos "agone" de que lo expliques.

Elevalunas Ecléctico dijo...

No, no lo expliques. Hay pocos precedentes de autores explicando sus obras. Por citar uno, ya lo hizo S. Juan de la Cruz para que las monjitas no se escandalizaran de sus versos y mejor se hubiera quedado callado. Lo realmente poético eran aquellas monjas humedecidas de la excitación:
El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.


¿A qué venía decirle a las monjas que eso simbolizaba el amor divino? Las monjas no eran tontas, ya sabían que hablaba del amor divino. ¡Y tan divino! la explicación sobraba.

Lo siento Ciclista, lo siento Ariam, yo voto porque no lo explique

Lucía dijo...

Me he dado cuenta de lo inculta y torpe que soy, pues no entiendo ni el texto del autor, ni el anónimo ni lo que Elev escribe.
Es evidente que yo también estoy perdida.

Anónimo dijo...

Tarde, pero ahora he conseguido entenderlo. Está muy bien, no creo que puedas narrarlo mejor.

 
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